El martes la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) confirmó que marzo no sólo había sido el marzo más caluroso de la historia, sino que la diferencia de temperatura con respecto a la media era la más alta nunca registrada. Nos encontramos ante una serie de meses con temperaturas inusualmente altas, la tendencia alcista más larga desde 1880, cuando empezamos a medir la temperatura.
Gavin Schmidt, director del Goddard Intitute de la NASA, explicó que da igual cual sea la temperatura del resto del año: hay un 99% de posibilidades de que 2016 sea el año más caluroso que recordamos. El meteorólogo Eric Houlthaus nos recordaba que en otros años muy calurosos ha sido necesario esperar a octubre para afirmar lo que afirma la NASA. Este año lo sabemos en abril.

El 50% de la Gran Barrera de Coral, un ecosistema clave para la biodiversidad y para la economía de Oceanía, está muerta o gravemente enferma; nos estamos quedando sin hielo en el Ártico mucho más rápido de lo que pensábamos; y las acumulaciones de dióxido de carbono atmosférico exceden las 409 parte por millón, el máximo absoluto en millones de años, según los expertos.
Y sabéis lo peor, que 2017 será más frío que 2016. La racha de calor actual está impulsada por El Niño. Pero a lo largo del año, esperamos que se produzca la transición hacia La Niña y esto muy probablemente frenará la serie histórica. Parecen buenas noticias, pero solo en parte. Es cierto que, si llega pronto, supondrá un respiro a ecosistemas en peligro. Pero tanto La Niña como El Niño son oscilaciones naturales que actúan sobre una clara tendencia de fondo al calentamiento: la bajada de temperaturas puede hacernos olvidar lo urgente que es la situación. ¡Feliz Día de la Tierra y manos a la obra que está todo por hacer!
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